Incertidumbre
Bueno, sí, al cruzar el Rubicón asumí que ganaría todas las batallas como el César. Nada hubo de vini vidi vinci, sino todo lo contrario. Al decir verdad, transpuse una línea para trabajar en una "revista", escribiendo, nada menos, que es, precisamente, lo que sé y gusto de hacer.
Finalmente, ocurrió lo que más temía y terminé la faena en la lona, golpeado por la nulidad. No escribo y apenas me animé, con el ego triturado y la escasa convicción de un talento que pocos exploraron, a trazar las líneas de un blog que no servirá ni para envolver el pescado dominical.
Podría dar el fin peor aun, desempleado y crispado por la prisa de nutrir los intestinos de unos pequeños que aguardan de mí la gloriosa tarea de ser padre. Podría lamer la tierra, ser el mercachifle del bus de la esquina, el emolientero de tu cuadra o apurar el auto que no tuve ni esperaba tener, para darle vueltas entre pasajero y pasajero.
El liberal entendió al fin que la libertad no es solo la del capitalista rapaz que compite por un millón, sino también la del miserable que se juega la sombría existencia bajo el calor infernal de una máquina. Libertad total decía Constant y yo digo, de paso, libertad para todos y sin matiz.
Puede que cruce el nuevo Rubicón para confirmar apenas mi derrota y pasearla por todos los pasadizos o puede que, de frente y sin escala, cruce no más que el umbral de una puerta. Good bye and good luck.